El filo de un cristal atravesó mi garganta, comencé a escupir y vomitar palabras que al tocar el suelo, se desmembraban en sílabas y estas a su vez, en letras.
La vida se me escapaba en aquellas palabras en las que guardé muchos sentimientos; poco a poco fuí sintiendome mas débil hasta que mi vista se fué a negro.
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Desperté con un sentimiento extraño; no, no era aquello, mas bien era un hueco, un vacío que no podía llenar por mas que lo intentase.
Traté de expresar esa molestia, pero apenas unos sonidos, unos balbuceos salían de mi boca siendo tan grande la impotencia que mis lagrimas recorrieron mi rostro secandose antes de llegar a mi mentón.
En estas palabras dejo testimonio de mi incapacidad, quedando solo en escritos llenos de impotencia, mas que solo para recordar esos tiempos en los que la gente me escuchaba hablar y parafrasear con alguna que otra agridulce broma y ahora, con un dolor tan grande inexpresable que solo son poemas llenos de ironía y sarcasmo ganandome uno que otro misántropo lector, perdiendo a mis fieles auditores precedentes a aquél inexplicable y fatídico momento, a medida que van pasando los años en mi cuerpo y mi corazón siguie ahí, muerto.
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Nota dejada por el paciente escritor Nº 37G
antes de su escape e intento de suicidio.
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